Ir al contenido principal

Ciel & Terre

Hay algo que veo casi cada semana en consulta.

Alguien llega a mi consulta en Barcelona, se sienta, y me dice una versión de la misma frase: «Ya sé de dónde viene esto. Lo he entendido mil veces. Y aun así, vuelvo a hacer lo mismo.»

Una relación que no nos hace bien, y volvemos a vincularnos de una manera parecida. Nos prometemos poner límites, y terminamos sosteniendo más de lo que podemos. Cambiamos de trabajo, de pareja, de ciudad — y pasado un tiempo, reaparece la misma sensación de fondo: no encontrar nuestro lugar, sentirnos responsables de todo, tener miedo de que nos abandonen, creer que nunca hacemos suficiente.

Las situaciones cambian de forma. Pero algo, debajo, se repite.

Y en algún momento llega la pregunta que de verdad importa:

¿Por qué vuelvo siempre al mismo lugar, si ya lo he entendido?

Comprender no siempre es suficiente

Esto lo veo mucho, y también lo he vivido yo misma: creer que entender algo mentalmente debería bastar para cambiarlo.

Podemos saber perfectamente que nos cuesta decir que no. Podemos reconocer nuestra tendencia a cuidar de los demás antes que de nosotros mismos. Podemos nombrar el miedo que aparece en cuanto alguien se aleja un poco. Y aun así, en el momento concreto, volvemos a reaccionar igual que siempre.

No es falta de voluntad.

A veces ese patrón se instaló hace mucho tiempo, como una forma de protegernos, de conservar un vínculo, de encontrar un lugar dentro de algo más grande que nosotros. Lo que hoy nos pesa, en otro momento de nuestra vida tuvo sentido.

Y a veces, para entender lo que nos pasa, mirar solo nuestra propia historia no alcanza. Hace falta mirar un poco más lejos: la historia de la que venimos.

Llegamos con algo más que nuestra propia historia

Nacemos dentro de una familia, dentro de un sistema que ya existía antes de que llegáramos.

Entramos en una historia hecha de vínculos, de separaciones, de pérdidas, de silencios, de secretos, de proyectos que se quedaron a medias. Pero también hecha de fuerzas y recursos que se han transmitido de generación en generación.

No heredamos solo unos rasgos físicos o un apellido. Heredamos también una manera de relacionarnos, de expresar (o no) lo que sentimos, de afrontar las dificultades, de ocupar — o no ocupar — nuestro lugar.

A veces, sin darnos cuenta, repetimos una forma de vivir que no es del todo nuestra, sino de nuestra familia.

Podemos sentir que tenemos que ocuparnos de todo el mundo, porque eso hicieron las mujeres antes que nosotras. Podemos sentir culpa cuando nuestra vida va bien, si alguien importante en nuestra familia sufrió mucho. Podemos tener dificultad para avanzar, separarnos o elegir algo distinto, porque hacerlo se vive por dentro como una traición.

No decidimos repetir estas dinámicas. Actuamos desde un lugar que, durante mucho tiempo, no hemos podido ver.

¿Qué es, entonces, un patrón?

Un patrón es una forma de sentir, de interpretar o de actuar que vuelve a aparecer en situaciones distintas.

Puede mostrarse en nuestra vida afectiva, familiar o profesional:

  • Elegir relaciones en las que no nos sentimos realmente vistos.
  • Adaptarnos de más, por miedo a perder el vínculo.
  • Sentirnos responsables del bienestar de todos los demás.
  • Dejar proyectos justo cuando empiezan a avanzar.
  • Necesitar demostrar constantemente nuestro valor.
  • Repetir con nuestros hijos exactamente aquello que nos habíamos prometido no repetir.

Un patrón no es una condena, ni una identidad. Es una manera conocida de responder. Y, precisamente por conocida, puede aparecer incluso cuando queremos, de verdad, algo distinto.

La mirada sistémica y transgeneracional

La mirada sistémica parte de una idea sencilla: nadie existe de forma aislada.

Formamos parte de distintos sistemas — la familia, la pareja, el trabajo — y lo que ocurre en ellos influye, aunque no lo veamos, en cómo estamos en el mundo.

Desde ahí, una dificultad personal puede tener que ver no solo con lo que hemos vivido directamente, sino también con el lugar que ocupamos dentro de nuestro sistema familiar.

Puede haber personas o hechos de los que apenas se habla en una familia, y que sin embargo siguen pesando: duelos que no se pudieron hacer, separaciones bruscas, alguien excluido, algo demasiado doloroso para nombrarse.

Mirar esta dimensión no es buscar un culpable en el pasado. Es, simplemente, ampliar la mirada.

Porque cuando algo que actuaba desde la sombra empieza a hacerse visible, ya podemos relacionarnos con ello de otra manera.

¿Y qué es exactamente una constelación familiar?

Una constelación familiar es un trabajo sistémico y transgeneracional que permite explorar una situación representándola en el espacio.

La persona que constela parte de un tema concreto — una dificultad relacional, un bloqueo, una decisión que no consigue tomar, algo que se repite una y otra vez. Con el acompañamiento de la facilitadora, elige a algunos participantes del grupo para que representen a ciertos miembros o elementos significativos de su sistema.

Y entonces, a partir de dónde se colocan, de las distancias que se crean, de los movimientos que surgen casi solos, empieza a aparecer una imagen de lo que está actuando por debajo.

No es teatro. No se trata de reconstruir literalmente el pasado ni de demostrar una verdad sobre la familia. Es una experiencia simbólica que permite mirar desde fuera algo que, vivido solo desde dentro, es muy difícil de ver.

No buscamos culpables. Buscamos entender qué está actuando, y abrir la posibilidad de un movimiento distinto.

Si te reconoces en algo de esto, en Ciel&Terre acompañamos este proceso también a través de jornadas de constelaciones familiares en Barcelona.

Una experiencia que también toca a quien representa

Lo que más me sorprendió la primera vez que participé en una constelación no fue lo que le pasó a la persona que consteló. Fue lo que me pasó a mí, representando a alguien que ni siquiera conocía.

Porque en un grupo, no solo vive la experiencia quien trae su tema. Quienes representan también forman parte de ella. A veces, el lugar que ocupan, o lo que sienten desde ahí, resuena con algo de su propia historia.

No porque las historias sean iguales, sino porque hay experiencias profundamente humanas que compartimos todos: la necesidad de pertenecer, el miedo a ser excluidos, el deseo de ser reconocidos, la tendencia a cargar con lo que no nos corresponde.

Por eso, representar nunca es un papel secundario. Puede ser otra puerta para mirarse — siempre respetando el ritmo y los límites de cada persona.

Cómo se relaciona esto con mi forma de acompañar

En mi manera de trabajar, la mirada sistémica y las constelaciones no sustituyen a la Gestalt: la completan.

La Gestalt me enseña a mirar qué está pasando ahora — qué sentimos, cómo nos relacionamos, qué evitamos, qué está pidiendo ser escuchado.

La constelación amplía esa mirada, y permite explorar si lo que aparece hoy tiene relación con una dinámica más amplia, que no empezó con nosotros.

Una nos acerca a lo que la persona vive en el presente. La otra nos deja ver el sistema del que forma parte.

Porque a veces necesitamos entender cómo estamos hoy. Y otras veces necesitamos mirar de dónde venimos, para reconocer qué seguimos llevando con nosotros sin haberlo elegido.

Mirar el pasado para vivir de otra manera el presente

Explorar la historia familiar no es quedarse mirando hacia atrás.

Es reconocer lo que ocurrió, y empezar a diferenciar lo que es realmente nuestro de lo que quizá hemos cargado por amor, por pertenencia, por lealtad.

No podemos cambiar lo que pasó. Pero sí podemos cambiar el lugar desde el que nos relacionamos con ello.

Cuando un patrón deja de ser invisible, ya no estamos exactamente en el mismo sitio. Podemos reconocer el momento en que se activa, y dejar un pequeño espacio entre lo conocido y una respuesta nueva.

Si te sirve, puedes quedarte simplemente con una pregunta:

¿Qué situación parece repetirse, una y otra vez, en tu vida?

No hace falta encontrar la respuesta ahora. A veces, el primer movimiento es solo detenerse a mirar.

En Ciel&Terre organizamos jornadas de constelaciones familiares en Barcelona junto a Padma Nicole Rupp, terapeuta especializada y facilitadora de constelaciones. Padma guía el trabajo sistémico, y yo organizo el espacio, acompaño al grupo desde mi experiencia como psicoterapeuta Gestalt y coach con PNL, y sostengo la traducción bilingüe en francés y castellano.

Una jornada para mirar aquello que se repite, y dejar espacio a algo nuevo.

Quiero información →   ·   Apuntarme a una jornada →

Con cariño, Julie.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *